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...A partir de ahora la tomo entre mis manos....


...me dijo Sartre al anunciarme mi admisión. Le gustaban las amistades femeninas. La primera vez que lo ví en la Sorbona llevaba un sombrero y conversaba con aire animado con una estudiante grandota que me pareció muy fea; pronto le desagradó; se había hecho amigo de otra más bonita, pero llena de complejos y con la que no tardó en disgustarse. Cuando Herbaud le habló de mí quiso conocerme enseguida; y ahora estaba muy contento de poder acapararme; a mí, ahora, me parecía que todo el tiempo que no pasaba con él era tiempo perdido. Durante los quince días que duró el oral del concurso sólo nos separabamos para dormir. Ibamos a la Sorbona a pasar nuestros exámenes y a escuchar los de nuestros compañeros. Salíamos con los Nizan. Tomábamos copas en el Balzar con Aron que hacía su servicio militar en la meteorología; con Politzer que se había afiliado al Partido Comunista. Pero generalmente nos paseábamos los dos solos. En los muelles del Sena, Sartre me compraba novelas de Pardaillan y de Fantomas que prefería con mucho a la correspondencia de Rivière y Fournier; de noche me llevaba a ver películas de cow-boys por las que yo me apasionaba como una neófita, pues era versada sobre todo en el cine abstracto y en el cine de arte. En las terrazas de los cafés o tomando cócteles en el Falstaff conversábamos durante horas.
...Se interasaba por todo y nunca aceptaba nada como resuelto. Frente a un objeto, en vez de escamotearlo en provecho de un mito, de una palabra, de una impresión, de una idea preconcebida, lo miraba; no lo abandonaba antes de haber comprendido sus circunstancias, sus múltiples sentidos...
...Con el romanticismo de la época y de sus veintitrés años, soñaba con grandes viajes: En Constantinopla, confraternizaría con los estibadores; se emborracharía en los bajos fondos con los rufianes; daría la vuelta al mundo y ni los parias de la India ni los popes del monte Atlas, ni los pescadores de Terranova tendrían secretros para él. No echaría raíces en ningua parte, ninguna posesión le sería embarazosa; no para conservarse vanamente disponible sino para testimoniar acerca de todo...
...Sartre respondía exactamente al deseo de mis quince años: era ese doble en quien yo encontraba, llevadas a la incandescencia, todas mis manías. Con él, siempre podría compartirlo todo. Cuando nos separamos a principio de agosto, yo sabía que nunca más saldría de mi vida...
S.D.B "Memorias de una joven formal".

Los estudiantes que frecuentaba en la Sorbona...

...chicas y chicos, me parecieron insignificantes; salían en bandas, reían demasiado fuerte, no se interesaban por nada y se conformaban con esa indiferencia. Sin embargo, advertí en un curso de historia de la filosofía a un joven de ojos azules y graves, mucho mayor que yo; vestido de negro, con un sombrero negro, no hablaba con nadie, salvo con una chica morena a quién él sonreía mucho. Un día estaba en la biblioteca traduciendo a Engels, cuando en su misma mesa unos estudiantes se pusieron a hacer ruido; sus ojos echaron chispas, con voz breve reclamó silencio con tal autoridad, que obedecieron en seguida. "¡Es alguien!", pensé impresionada. Conseguí hablarle y en adelante, cada vez que la morenita no estaba, conversábamos. Un día dimos algunos pasos juntos por el boulevard Saint- Michel: a la noche le pregunté a mi hermana si consideraba mi conducta incorrecta; me tranquilizó y reincidí. Pierre Nodier estaba vinculado al grupo "Philosophies" al que pretenecían Mohrange, Friedman, Henri Lefebvre, Politzer; gracias a los subsidios proporcionados por el padre de uno de ellos, rico banquero, habían fundado una revista, pero su protector, indignado por un artículo contra la guerra de Marruecos, les había cortado los viveres. Poco después, la revista había resucitado bajo otro título: L´Espirit. Pierre Nodier me trajo dos números: era la primera vez que yo tomaba contacto con los intelectuales de izquierda.


S.B "Memorias de una joven formal".