
Aceptaba la discreta colaboración de mi hermana a la que ayudaba imperiosamente a educar a sus propios hijos. Pero no aceptaba que un hombre frustrara mis responsabilidades: nuestros maridos viajaban. En la vida, yo sabía, es totalmente distinto: una madre de familia esta siempre flanqueada de un marido; mil tareas fastidiosas la abruman. Cuando evoqué mi porvenir, esas servidumbres me parecieron tan pesadas que renuncié a tener hijos propios; lo que me importaba era formar espíritus y almas: me haré profesora, decidí.
S.B. "Memorias de una joven formal"
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