
...Mi prima Madeleine, sin embargo, leía cualquier cosa. Papá se había indignado al verla, a los doce años, sumida en "Los tres mosqueteros".
En 1919, mis padres, que habían encontrado en la rue de Rennes un apartamento menos costoso que el boulevard Montparnasse, nos dejaron a mi hermana y a mi en La Griellère hasta las dos primeras semanas de octubre, para mudarse tranquilamente. De la noche a la mañana estábamos a solas con Madeleine. Un día, sin premeditación, entre dos partidas de croquet, le pregunté de qué trataban los libros prohibidos; no tenía la intención de hacerme revelar el contenido; solamente quería comprender por qué razones estaban prohibidos.
Habíamos dejado los mazos, nos habíamos sentado las tres sobre el césped, en el borde de la pista donde estaban plantados los arcos. Madeleine vaciló, se echo a reir y se puso a hablar. Nos mostró su perro y nos hizo notar dos bolas entre sus piernas. "Y bien -dijo-, los hombres también las tienen"....
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