Cuando tenía unos diez años...

...me deleitaba leyendo Les transatlantiques: aparecen un pequeño americano y su hermana, de lo más inocentes por lo demás. Yo me encarnaba en el niño y amaba, a través de él, a Biddy, la niña. He pensado mucho tiempo en escribir un cuento sobre dos niños perdidos y discretamente incestuosos. En mis escritos pueden encontrarse las trazas de ese fantasma: Orestes y Electra en Las moscas, Boris e Ivich en Los caminos de la libertad. Frantz y Léni en Los secuestrados de Altona. Esta última pareja es la única que llega a las vías de hecho. Lo que me seducía en este lazo de familia no era tanto la tentación amorosa como la prohibición de hacer el amor: hielo y fuego, delicias y frustración mezcladas, el incesto me gustaba si seguía siendo platónico.

J.P.S. "Las palabras".